Preliminary introduction for 2026 seminar on Plato’s Laws. by Gerardo Muñoz

Plato’s Laws remains one of the least read and explored dialogues in the platonic corpus. This is a fact that might be worth pondering upon in the course of a systematic reading of the dialogue. According to André Laks in his book Plato’s Second Republic: An Essay on the Laws (Princeton U Press, 2022), the very last dialogue of Plato is a substantial rewriting of the core arguments of The Republic in terms of its grounding of politics and the organization of the polis, but also not just in terms of the political question. Laks speaks of a “structural paradox” in Laws regarding the nature of politics that takes an “unusual” (aesthesteron) path “beyond legislation” that constitute the very essence of the nomoi (Laks 2024, 142). We are interesting in exploring this ‘beyond legislation’ that is also a “before legislation” that speaks, either directly or indirectly, to the notions of the chôra and the theological foundation of the legislative enterprise itself, and ultimately to language as it pertains to preambles and argumentation (kalliston kai ariston prooimion). These are difficult questions that also exceed any philological exploration of Plato’s philosophical horizon, and that land on our own preoccupations regarding political metabolism.

So, this “beyond legislation” will be a guiding thread (one of the several) in a systematic reading of Plato’s Laws. In an important and rare observation, Monica Ferrando in Un anno con Platone (Neri Pozza, 2024) has noted that the notion of “chôra” appears more than thirty times in the Laws with all sorts of operative injunctions that speak to space and sensation, distance and cosmos, beauty and music, as well as the dwelling place for life to flourish without unlimited predatory force. How is one to understand the notion of “chôra” as a mediating distance that precedes the ground of politics? What is the relation between chôra and space in light of the isonomic arrangement of the polis? In what sense is having a handle on the notion of the chôra a precondition for a beautiful city, what Socrates calls the kallipolis in The Republic that is also the city of pigs? Is the chôra irreducible to eidos as it enters the polyphony of the Laws? And how does the chôra escape the political field and law’s authority as it appears in Laws? One of the angular goals of a systematic reading of Plato’s Laws is to make some progress in the understanding of the notion of the chôra that has been percolating in many recent discussions. 

The fact that Laws has remained on the sidelines or in opacity in the canon of Western political philosophy might speak to its relevance, and to the fact that it has yet to be a text to be confronted and reckoned with. Of course, this does not mean that at stake is an effort to recalibrate its political task to amend the history of political thought; it is perhaps more interesting to approach it from the external perspective of canonical tradition that modern categories project to the past. In his posthumous book on the Laws, Leo Strauss noticed that this dialogue, unlike all the rest in the Platonic corpus, begins and ends with an appeal to “god” (theon). For us today this could mean: what is the status of the gods after the death of god and the end of politics? A systematic reading of Plato’s Laws has the depth to reopen these difficult questions in the present state of our discussions.

Sobre “Praise of Law” (1947) de Werner Jaeger. por Gerardo Muñoz.

En el viejo artículo “Praise of Law: the origins of legal philosophy and the Greeks” (1947), originalmente escrito en ocasión de honor a la obra del jurista norteamericano Roscoe Pound, Werner Jaeger desarrolla la sorprendente tesis que la génesis del derecho se encontra en la Grecia antigua antes que en el imperium romano, y llega a decir que el pensamiento filosófico griego nunca dejó de reflexionar sobre la constitución de una legalidad. Ya en en los poemas homéricos, recuerda Jaeger, encontramos una tematización no tanto del nomos como de la themistes, un conjunto de ordinanzas orientadas a un principio de autoridad mundana aunque proyectada en forma de mito a los dioses. La themis separaba el mundo de la civilización ante el mundo barbaro sin ley (que era el mundo del Cíclope en la Odisea). Ya en Homero y Solón, la distinción entre drecho y justicio se complemetarian para explicar una relación con la naturaleza que cosmológicamente implicaba orden y armonía. La dike en Anixamandro, por ejemplo, se etendía como el orden eterno que componen todas las leyes del mundo. De manera que antes que la concepción de la división del poder de una garantía “positiva” del derecho tal y como lo entendieron los modernos, ya la armonía que a la que aspiraba la diké como balance (isomoiria) de los humores.

Esto implicaba una relación con la salud, pues la “buena salud” capaz de garantizar un principio de igualdad (ison) era solo posible mediante un ordenamiento que limitara “la tendencia hacia el exceso”, como nos recuerda Jaeger (358). De manera que el ideal de la salud para los antiguos no se hallaba en una administración de un cuerpo “enfermo” y al que hay que curar como luego lo asumirá la biopolítica, sino como armonía entre la irreductibilidad de almas. La polis tenia que orientarse hacia la Justicia, ya no como abstracción de un gobierno (como lo entiende el tomismo y el derecho natural), sino diferenciación absoluta entre derecho y Justicia en el ordenamiento del mundo. Lo justo era un medio de la salud, y estar saludable solo podía ser una realización de la j instancia de la justicia.

La consitutcion de la polis como entidad política demótica de alguna manera marca una transformación inédita del principio armónico hacia una concepción de igualdad de representación mediante la comunidad social. La isonomia consolida la máxima pindárica del nomos basilus (el nomos es rey) que para Jaeger es el logro más alto de la civilización griega. La polis “enseña y educa al hombre”, llegaría a decir Simonides quien instala una paideia de la virtud cívica entre iguales. Esto es, la isonomia necesita no solo de una recodificación representativa en la polis, sino que tambien requiere de una paideia como “educación en el espirtu de las leyes” (361). Como demuestra Jaeger, esta concepción civil del derecho hace que la ley se entienda como una “mera funcion del poder” (364). Y así lo entendieron los sofisitas que, como recordamos con Trisimaco en La República de Platón, llega a definir la Justicia (el concepto pivote que busca indagar Socrates) como cualquier cosa que sea definida por quien tenga el poder en un momento dado.

En efecto, no estamos muy lejos aquí del concepto hobbesiano de potestas soberana, donde la armonía queda relegada por una comprensión legal fundada “desde la seguridad y el crédito en la producción de la naturaleza de la realidad” (365-366). Ahora la textura de la polis depende de una ingeniería hidráulica de la legalidad cuya finalidas es el manteninimietno del orden de lo civil. En efecto, la circularidad entre orden y civilidad emerge como un proyecto de “creciente subjetivismo” (growling subjetivism, Jaeger dixit), a tal punto que en Platón el estado se entiende como una gigantesca abstracción pedagógica (366). De alguna manera la paideia del estado orientado hacia lo Justo requiere de un dispositivo educativo hegemónico que termina reemplazando la centralidad del derecho, o al menos volviéndolo secundario.

Pero Jaeger insiste que la palabra final de Platón sobre el derecho no se encuentra en el organización pedagógica de La República, y que al final de su obra el filósofo regresa a la cudestion de las leyes. En Las leyes enfrecerá una noción de derecho positivo mediante un protector guardían del derecho que legisla a partir de un principio de racionalidad del derecho (una integridad interna, tal y como luego lo entendería Lon Fuller en The Morality of Law). Pero será en el diálogo Minos, cuya autoría de Platón es cuestionada, en donde se define el ejercicio del derecho como “technē”. Según Jaeger la technē habilita el descubrimiento de una cosa real contra el dogma poleos de la decisión del estado (370). En otras palabras, es mediante la techné que el derecho se orienta hacia el ser verdadero de las cosas a pesar de la positivización de las leyes de una comunidad política. Esa verdad no es reconocida en la legitimidad de un “pueblo” sino en el logos del guardián.

En este punto reaparece aquí la diferenciación entre derecho y Justicia o “verdad”, que en Platón se tematiza como la diferencia absoluta entre filosofia y derecho en el momento de la consolidación administrative, aunque el estado es el portador de la Ley como medio para la verdad de las cosas. Este es el resto cosmológico en el pensamiento platónico para una época en su momento ya dominada por la visión sofística de la validación del derecho como paradigma subjetivo en la construcción de la realidad; un sentido de realidad que luego la jurisprudencia romana perfeccionará bajo la rubrica de la “-res” [2]. El artificio consistirá, por un lado, en la construcción de un sentido ordenado de la realidad; y, por otro, de una estratificación de valores asumido por la producción de una normatividad. La mirada de Jaeger en la génesis griega constituye, de esta manera, algo así como una urgeschichte de la consolidación del ius romana y del desarrollo clásico del imperium del derecho.

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Notas 

1. Werner Jaeger. “Praise of Law: the origins of legal philosophy and the Greeks” (1947), en Interpretations of Modern Legal Philosophies (New York, 1947).

2. Yan Thomas. L’istituzione della natura (Quodlibet, 2020).