¿Democracia o Anarquía? por Gerardo Muñoz

En las últimas semanas hemos leído estupendos textos sobre la lectura que periódicamente viene haciendo Giorgio Agamben en su rúbrica de Quodlibet. Pienso en textos de los amigos Rodrigo Karmy, Alberto Moreiras, Lucia Dell’Aia, o Mauricio Amar; todos ellos ayudan a poner en su lugar la inmerecida hostilidad de los críticos ante el pensador italiano. Esta hostilidad rara vez abre un desacuerdo real de pensamiento, sino que más bien termina inscribiéndose en una abierta descalificación o simplemente incomprensión de su gesto. Hasta ahora no me interesaba decir nada en el debate, porque no veía un problema central, pero creo que ahora se hace más discernible, al menos para mi. Y este problema tiene dos niveles: el problema de la democracia y el problema de la universidad. Intentaré desplegarlos en este breve comentario como una mínima contribución a la conversación en curso.

Un amigo me recuerda que una vez en Venecia Agamben dijo que habían dos estilos de pensamiento ante el cierre de la metafísica: el que apuesta por la democracia y el que apuesta por la anarquía. En realidad, esto Agamben lo he dicho en varias ocasiones, aunque que yo sepa, nunca lo ha tematizado directamente; tal vez porque su obra es ya una clara toma de partido por la segunda opción. Mi primera tesis, entonces: parte del malestar del “status quo” académico con Agamben pasa por el hecho de que él no se subscribe a un horizonte democrático. Y este rechazo tiene consecuencias decisivas, como me gustaría argumentar. En una nota reciente sobre la universidad, Alberto Moreiras lo ha explicitado muy claramente y me voy a servir de su análisis. Según Alberto, en la última entrevista del viejo Jacques Derrida, aun podemos encontrarnos con una defensa de la legitimidad universitaria. Desde luego, una universidad sin condiciones, una universidad abierta, y con todas las muecas ‘deconstructivas’ que ya sabemos, pero que termina siendo un horizonte propio de la universidad.

A mi me parece que esta postura de Derrida no es un déficit puntual ni una instancia histórica, sino que responde al gran “commitment” del filósofo francés por la democracia; esto es, su compromiso por la primera opción ante el cierre de la metafísica. Estoy de acuerdo con Alberto de que hoy dicha defensa de la universidad es poco convincente. Sin embargo, lo que también me gustaría señalar es que la crisis de la universidad es un problema regional de la crisis general de la democracia liberal. La coherencia del ‘primer momento de la deconstrucción’ fue subscribir ambas instancias. Y ambas instancias (democracia más universidad) son las que, a mi parecer, se deben dejar atrás afirmando la segunda opción; la anárquica. La caída de la universidad a lo ilimitado, por otro lado, no responde a un estado de “excepción”, “censura”, o “traición” de sus principios, sino que, más bien, es el resultado coherente y sistemático de sus propias premisas “libertarias” (de su fidelidad ciega a la Libertad). Esto es al final del día el corazón de la lógica cost & benefit que legitima la administración institucional de la universidad.

Es muy probable que a Agamben este problema le tenga sin cuidado. A diferencia de Derrida no hay un solo ensayo suyo donde le interese atacar o defender la universidad. Lo importante para él es habitar ya siempre el afuera. Creo que el momento más explícito sobre esta postura “excéntrica” lo leemos en un pasaje de su autobiografía Autoritratto nello studio (nottetempo, 2017):

Extra: al di fuori (con l’idea di un movimento a partire da dentro – ex – di un uscire). Non è possibile trovare la verità se non si esce prima dalla situazione – dall’istituzione – che ci impedisce l’acceso. Il filosofo deve diventare straniero rispetto alla sua città, Illich ha dovuto in qualche modo uscire dalla chiesa e Simone Weil non ha mai potuto decidersi a entrarvi. Extra è il luogo del pensiero.” (58).

Aunque Agamben hable del “Partido” o de la “Iglesia” queda claro que también está hablando de la “universidad”. Siempre ha sido así, se pudiera responder. Pero tal vez la diferencia es que hoy el lugar del extra se ha vuelto la única manera donde podemos ejercer cierta inclinación verdadera y así encontrar las cosas que queremos. El hecho de que tengamos una comunidad de amigos hoy estén en un pliegue ex universitate, realmente confirma la intuición de Agamben. Por eso, en realidad, no puede haber una experiencia del mundo en la universidad. La universidad es todo lo que reduce al mudo a una mera compensación del saber, pero no de experiencia. Obviamente que esta dimensión “experiencial” no podemos dictarla a nadie. Todos deben encontrar su forma estratégica al interior del pliegue, pero creo que sí podemos discriminar en el límite entre la promesa democrática y el “ex” de la anarquía. Esta división no llega ni a constituir dos partidos históricos. Solo hay una opción y luego muchas posibilidades habitarlas si no se quiere caer en el falsum.

Hay otro problema con la democracia que es el problema de la “libertad”. Mientras no se pueda pensar en otra cosa que la “libertad” (todos hablan en nombre de la “libertad”), es muy probable que no estemos en condiciones de dar un paso atrás del embudo de la civilización. Una vez más, en este punto Agamben se muestra sensible. En su libro sobre Pulcinella, hay un momento en el que dice que el mundo de Pulcinella es el que aparece una vez que los principios políticos y la esencia misma de la libertad se han venido abajo. Pero del otro lado de la libertad Agamben solo ofrece una “figura”, la marioneta napolitana; una marioneta que tampoco constituye un paisaje amplio de orientación de época.

Tal vez el fin fáctico de la universidad ya va abriendo a una zona más diáfana: lo esencial se vuelve una contracomunidad de amigos e interlocutores, donde el goce y la felicidad priman sobre el cálculo y la producción y la “ética”, que es siempre deber enmascarado. La cuestión es cómo podemos darle continuidad a eso en el tiempo para así no terminar bajo la imponente sombra universitaria. Un reino de la felicidad que estaría más allá del liberalismo de la felix culpa, y que tendría al poeta, y no al analista o al administrador, como nuevo huésped del banquete.

 

 

 

*Imagen: Lehigh campus, invierno de 2018. De mi colección personal.

3 thoughts on “¿Democracia o Anarquía? por Gerardo Muñoz

  1. El problema de “los dos estilos de pensamiento ante el cierre de la metafísica”, que yo sepa, son tratados muy brevemente en su “reciente” libro Creación y Anarquía, concretamente en el ensayo titulado “¿Qué es el mando?” (páginas 53 y 53 de la traducción a la lengua inglesa de Kotsko). Habría pues dos opciones (de plantear el pensamiento de Heidegger, el filósofo “del cierre de la metafísica”): la anárquica en la que se piensa un puro origen sin mando (poder), que sería la interpretación de Schürmann de Heidegger; y la democrática que piensa un poder sin principio alguno (sin origen), que estaría representada por el imperativo derridaniano de !interpretad!. Aunque Agamben señala explícitamente su simpatía por la primera opción esta no sería idéntica a la de Schürmann, ya que como se indica en el epílogo de El Uso de los Cuerpos no es suficiente separar el origen del poder (del mando). En todo caso se trataría de pensar una anarquía pura, es decir, sin poder ni origen.

    En cuanto cuál sería el lugar de una nueva universidad solidaria con un pensamiento anárquico creo que esta debería pensarse como una comunidad política. No como un lugar de refugio para todos aquellos que aman el conocimiento, sino el lugar mismo en que la política, la ética y el amor al conocimiento se dan la mano (una exterioridad más exterior que cualquier exterioridad). Por otra parte, no me gusta demasiado el concepto de contra-comunidad que planteas, ya que la época actual en la que vivimos cualquier tipo de comunidad se ha vuelto imposible. Por lo tanto, no hace falta añadirle el prefijo de “contra-“, un prefijo que por otra parte introduce una cierta negatividad solidaria con el pensamiento metafísico. De todos modos, aunque ya conozco este blog desde hace tiempo y recientemente me he hecho con algunos libros escritos por sus autores más asiduos, me falta una lectura sistemática para entender mejor las ideas que se plantean en este blog y sus convergencias y diferencias con el pensamiento de Agamben (a cuya obra quizás, y precisamente por la furia con que le atacan sus detractores, le ha llegado la hora de su legibilidad).

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  2. Gracias, Pablo. Obviamente que esa diferencia entre “anarquías” la conocemos. Alberto Moreiras generosamente lo ha explicitado en una réplica a este texto. A ver qué te parece:

    https://infraphilosophy.home.blog/2020/05/29/anarquia-y-pasion-absoluta-dialogo-con-gerardo-munoz-democracia-o-anarquia/

    La contracomunidad es para marcar una diferencia a la comunidad tética en el pensamiento contemporáneo. No hay porqué no quedarse paralizado en el prefijo. Gracias por leer y por tu comentario.

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